Puertas Adentro: Casa Italia

Una casa hecha para quedarse

En un pequeño pasaje del Barrio Italia, detrás del ritmo cotidiano de cafés, talleres y comercios de barrio, se esconde una casa antigua que durante años fue el centro de la vida de Catalina y Eduardo.

La encontraron casi por azar, cuando buscaban vivir cerca de su trabajo. Estaba semiabandonada, pero conservaba aquello que no siempre se puede construir de nuevo: muros sólidos, pisos originales, árboles frutales y una forma de habitar que hablaba de otra época.

La remodelaron pensando que sería su casa para siempre. Abrieron sus espacios para recibir más luz y permitir que la familia pudiera encontrarse, conservaron los elementos que narraban su historia e incorporaron todo lo necesario para vivirla de una manera contemporánea.

Hoy, cuando se preparan para dejarla, recuerdan menos sus metros o sus terminaciones que las escenas que allí ocurrieron: las conversaciones en la cocina, los almuerzos bajo el palto, los niños jugando en el pasaje y los años transcurridos alrededor de un gran espacio común.

Esta es la historia de una casa antigua transformada no solo por una obra, sino por la vida que ocurrió dentro de ella.

¿Cómo llegaron al Barrio Italia y cómo encontraron esta casa?

Eduardo: Llegamos al Barrio Italia en 2014, cuando compramos una casa antigua de 1937 para convertirla en un hotel boutique. La remodelamos y abrimos el hotel al año siguiente.

Siempre quisimos vivir cerca de nuestro lugar de trabajo, así que empecé a recorrer el barrio buscando una casa. Me gustaba mucho caminar por sus calles y andaba siempre atento, viendo si aparecía algo.

Un día entré a esta calle pequeña, me metí al pasaje y encontré una casa que estaba en estado de semiabandono. Justo estaba en venta. Vinimos a verla con la Cata y, aunque ella al principio no le vio tanto potencial como yo, finalmente logramos convertirla en la casa de nuestros sueños.

Catalina: A mí me costó un poco más imaginarla, pero sí me gustó que fuera una casa antigua y muy sólida. Las paredes eran realmente paredes. Tenía materiales originales, un piso precioso que pudimos conservar y muchas ventanas, por lo que veíamos que existía la posibilidad de abrirla y hacerla mucho más luminosa.

También estaba el patio. No es enorme, pero tenía tres árboles frutales: un limonero, un naranjo y un palto. Eso fue algo que nos encantó desde el comienzo.

"Creo que el equilibrio está justamente ahí: en respetar su historia sin convertirla en una casa congelada en el tiempo.

¿Qué quisieron conservar de la casa original?

Eduardo: Buscamos preservar la sensación de estar en una casa antigua, pero con todas las comodidades de la modernidad.

Hicimos una remodelación completa. Renovamos los sistemas sanitario y eléctrico, incorporamos calefacción y cambiamos las ventanas, pero al mismo tiempo conservamos los elementos que le daban identidad a la casa.

Mantuvimos el parqué original en ambos pisos, las puertas y otros detalles antiguos. La puerta de entrada, por ejemplo, la pintamos amarilla para darle un gesto un poco más contemporáneo.

Catalina: Nunca quisimos borrar lo que la casa había sido. Conservamos todo lo que tenía valor y memoria, pero entendimos que la distribución sí debía cambiar para adaptarse a nuestra forma de vivir.

Creo que el equilibrio está justamente ahí: en respetar su historia sin convertirla en una casa congelada en el tiempo.

¿Cómo cambió la manera de habitarla después de la remodelación?

Eduardo: La casa tenía, como muchas construcciones antiguas, una gran cantidad de recintos separados. Uno de nuestros principales encargos fue abrirla, eliminar la mayor cantidad posible de muros y permitir que entrara más luz.

Transformamos prácticamente todo el primer piso en un gran espacio común. Donde antes había muros y ventanas pequeñas, abrimos vanos y ampliamos las entradas de luz.

Ese espacio se convirtió en el lugar donde hemos hecho nuestra vida familiar durante todos estos años.

Alguien puede estar leyendo en el living, uno de los niños haciendo una tarea en el comedor y yo cocinando. Aunque cada uno esté haciendo algo diferente, todos podemos conversar y estar juntos.

Eso es algo que valoramos mucho: compartir el mismo espacio sin necesidad de estar todos haciendo lo mismo.

Catalina: Para mí, esa es una de las cosas más especiales de la casa. La vida ocurre de manera muy natural. Está todo conectado y uno siempre siente que está cerca de los demás.

"La apertura del primer piso permitió justamente eso: que la casa pudiera recibir muchas actividades al mismo tiempo sin que las personas quedaran aisladas unas de otras."

¿Cuál es el espacio que mejor representa la vida familiar?

Catalina: La cocina, sin duda.

Pasamos muchísimo tiempo ahí. Tenemos un desayunador donde desayunamos, almorzamos y nos sentamos a conversar. Siempre hay alguien cocinando, comiendo o simplemente acompañando.

Entre medio nos vamos contando cómo estuvo el día. Creo que es el lugar donde más tiempo pasamos y donde hacemos, generalmente, la vida.

Eduardo: Cuando vienen amigos ocurre lo mismo. Algunos están en la cocina, otros en el living o en el comedor, pero todos seguimos interactuando.

La apertura del primer piso permitió justamente eso: que la casa pudiera recibir muchas actividades al mismo tiempo sin que las personas quedaran aisladas unas de otras.

"La hicimos pensando que sería nuestra casa para toda la vida, el lugar donde íbamos a estar cuando fuéramos viejos."

"es una casa que está preparada para ser vivida. No necesita grandes gestos. Basta con llegar, instalarse y empezar a construir una nueva historia."

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